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Esta semana todos los medios de comunicación se han hecho eco del desgraciado acontecimiento del asesinato de Gabriel, un niño de 8 años, a manos de la pareja de su padre.

Toda la cobertura mediática del caso, y el devenir de los acontecimientos donde la culpable ocultó toda la verdad y engañó a casi todos con su comportamiento, ha provocado una ola de sensibilización social.

En este blog se ha repetido en numerosas ocasiones que no existe nada con validez jurídica para reconocer una mentira desde el punto de vista del Lenguaje Corporal. El que miente puede hacerlo tan bien que puede engañar a todos, y el que dice la verdad lo puede hacer tan mal que nadie lo crea. El caso de Gabriel así lo ha puesto de manifiesto. La culpable ha conseguido engañar a casi todos…, excepto a la guardia civil.

Una persona que se quiere creer su mentira, la puede convertir en verdad. Una persona perturbada puede engañarse a si misma y a todo su entorno. Los profesionales de los cuerpos de seguridad del estado, expertos en interrogatorios, saben observar las incongruencias y lo más importante; saben llevar al límite emocional al interrogado para que acabe liberando la verdad. Porque la mentira pesa, y sometida a presión suele romperse. Recalcamos; suele. Suele porque existen personas que incluso acorralados y con alta presión, no ceden. El caso conocido de Miguel Carcaño; acusado de asesinar a Marta del Castillo y que no ha sido posible arrancarle el lugar dónde abandonó el cuerpo.

En este blog analizamos el gesto de dolor de los padres y familiares de Gabriel. Es digno de admiración la entereza y valores morales que han acompañado a los padres y la lección de humanidad en sus palabras junto al féretro de su hijo. Mis más profundo respeto. Este dolor tan profundo deja cicatriz, y espero y deseo que sepan curarla.

La madre tiene la expresión de tristeza profunda en la frente, así como intenta amagar un gesto de agradecimiento con los labios que debido a la tensión no deja de ser una leve mueca. El mentón con signos de estar tembloroso denota gran pesar.

El gesto del padre es de dolor absoluto. No hay gesto de tristeza, es un gesto de desgarro. La boca se abre simulando dar un grito de dolor, que acompaña con la contracción de los orbiculares de los ojos. El gesto es el mismo que cuando nos damos un fuerte golpe y evitamos gritar.

Los familiares que están tras ellos, podemos denotar que la señora de más edad tiene la expresión mezclada de tristeza y dolor, así como la señora que la abraza. Ambas tienen la mirada perdida.

La expresión de tristeza y dolor, avisa al entorno que necesitamos apoyo y ayuda. Está diseñada para ello. Desde este humilde blog; mi más sentido pésame.

 

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